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Entorno

El Refugio de Juanar permite a los visitantes disfrutar de la Naturaleza

Flora y fauna

La riqueza natural, en flora y fauna, que se empieza a observar desde el momento que inicia los 5Km, subiendo al Refugio de Juanar, en la vía que conduce entre Málaga y Marbella, nos llena de información visual sobre lo que vamos a encontrar, vegetación abundante, en cierta medida repoblada, donde predominan diversos tipos de masas de pinos entre los que destacan el pino insigne, pino pinaster, pino negral y Pinus halepensis (carrasco); También abundan bellos castaños, cerezos, olivos y coscojas, así como eucaliptos que colonizan con su rápido crecimiento las áreas de bancales próximas al refugio.

En el parador crecen varios pinsapos y numerosos helechos comunes protegidos por la umbría y el frescor de la masa boscosa.
También son muy frecuentes los enebros, lentiscos, aulagas, plantas aromáticas, esparto, diversos tipos de orquídeas, líquenes y culantrillos en las oquedades húmedas de las rocas.

Respecto a la fauna, abunda la cabra montesa como reserva nacional, águila real, águila culebrera y rapaces nocturnas como el búho real, mochuelo, cárabo y lechuza común; así como otros animales como el topillo jineta, garduña, zorro, gato montés, meloncillo, erizo común y las reptiles culebras de herradura, culebra bastarda, víbora hocicuda, lagartija coligara y lagarto aselado.

Geología

Ni que decir de su geología, en la altiplanicie del Juanar se observan terrenos constituidos por mármoles metamórficos blancos y grisáceos, gneises, cuarcitas y otros tipos de rocas metamórficas.
Existe una gran riqueza de minerales en toda la zona, habiéndose hallado explotaciones antiguas e inicio de talco blanco de gran pureza y calidad, minerales de titanio (ilmenita y titanita), hierro (magnetita y hematites, autores de la pigmentación bermeja del olivar) aluminio y magnesio (espinelas de diferentes tonos, de calidad gema, rosas, negras, verdosas y azulados) y numerosos minerales únicos en Europa por su cristalización y belleza; muchos de ellos identificados por primera vez gracias a los estudios del microscopio de polarización llevados a cabo por el ingeniero malagueño Orueta y el geólogo gaditano McPherson a finales del siglo XIX y principios del XX.